El mundo está experimentando una serie de cambios que se desarrollan a un ritmo veloz. La tecnología ha cambiado las formas de comunicarse y de relacionarse de forma frenética en las últimas décadas, y la pandemia de coronavirus (COVID-19) ha generado nuevos hábitos en la sociedad.
Entre ellos, por ejemplo, un incremento de la conciencia de la salud, la cual ha contribuido a una caída del consumo de bebidas alcohólicas, especialmente entre los jóvenes. Otra de estas transformaciones se está produciendo en el mercado de los diamantes, donde De Beers, el mayor productor de diamantes del mundo, está atravesando enormes dificultades.
Seún el diario El Economista de España, De Beers ha frenado la producción de diamantes en la mayor mina de Sudáfrica ante los débiles precios de este mineral, en un contexto de baja demanda y de costes elevados. La firma, cuyo 85% del accionariado está controlado por la minera Anglo American, ha decidido parar la actividad en esta mina, denominada Venetia, la cual representa el 40% de la producción anual de diamantes de Sudáfrica. Se trata de una mina que emplea a 3,500 trabajadores y que constituye el 10% de toda la producción de De Beers.
Este movimiento se produce en un contexto en el que Anglo American busca vender De Beers ante el escenario de débil demanda y de incremento de los costes. En este sentido, los aranceles de Estados Unidos (EE.UU.) sobre los principales centros de procesamiento de diamantes como Bélgica e India han elevado los gastos, lo cual ha contribuido a generar unas “condiciones desafiantes”, según Al Cook, consejero delegado de De Beers.
La realidad ha evidenciado que los diamantes, al contrario de lo que decía la famosa campaña publicitaria de De Beers, no son para siempre. Anglo American es consciente de ello 14 años después de arrebatar el control de la compañía a la familia Oppenheimer, y su plan es vender la empresa para centrarse en la extracción de cobre, un mineral empleado en procesadores y cuya demanda ha aumentado en un contexto de auge de la Inteligencia Artificial (IA).
Este es el escenario en el que cierra la mina Venetia, en la cual De Beers invirtió 2.200 millones de euros para soterrarla a lo largo de la última década, asegurando que la actividad de este lugar duraría hasta 2046.
Sin embargo, el mercado tradicional de los diamantes naturales está de capa caída: el indicador de la WWW International Diamond Consultants ha perdido un 50% desde su nivel récord en 2022. A esta mengua ha contribuido notablemente el avance de los diamantes sintéticos, los cuales se producen en laboratorios mediante el calentamiento de carbono durante unas pocas semanas. Poseen las mismas propiedades que los diamantes naturales y, a diferencia de estos, no se forman durante miles de años debajo de la superficie terrestre.
Su desarrollo se remonta al siglo XIX, pero en la segunda parte del siglo XX, China comenzó a producir con eficacia este tipo de diamantes, los cuales se incorporaban en determinadas herramientas para mejorar su eficacia técnica. Poco a poco, los laboratorios chinos perfeccionaron su fórmula hasta aglutinar hoy en día el 70% de los diamantes sintéticos utilizados en joyería.
La producción de estos diamantes se ha multiplicado por diez en los últimos seis años, según el Boston Consulting Group, lo cual ha tumbado los precios mayoristas del diamante natural, que han llegado a menguar un 90%. De Beers se propuso adaptarse a estos cambios en el mercado, y en 2018 lanzó Lightbox, su propia marca de diamantes sintéticos baratos, pero su estrategia fracasó: la competencia china derribó los precios y en 2023, De Beers comunicó que abandonaría la producción de gemas sintéticas.
